Desperdicio Militar Obligatorio
4 de enero de 2026
El primer libro del año
Ayer sábado, mientras vagaba por YouTube, se me apareció un video bastante antiguo, de un episodio del Chacotero Sentimental en el que un milico en retiro confesó un montón de crímenes, en una forma de relatar los hechos bastante desafortunada. Hay que sumar a esto que las declaraciones, en relación a lo sexual, suenan incluso más degeneradas hoy que probablemente como se recibió en aquel entonces (fines del 2015).
Me pasó algo que, por los comentarios, asumo le pasó a los menos, pero es que empaticé con este weón. Me llegó a través de sus declaraciones (casi sin rastro de empatía por lo que hizo, prácticamente se sentía que se lo tomaba pal webeo) el reflejo de un weón que a consecuencia de esta etapa quedó totalmente pitiado del mate, una mente retorcida de la que, a primeras, pensé que poco se podría rescatar.
Siempre ante estas situaciones lo primero que se me viene a la mente es pensar en la posibilidad de que el testimonio fuera falso, ya que personas así en el mundo no faltan, e inventar una historia así de rocambolesca suena a algo que haría alguien simplemente en busca de atención, por lo que intenté buscar alguna fuente confiable que confirmara o desmintiera el hecho.
Luego de mucho rato buscando, encontré poco y nada, pareciera que luego de la noticia, la cual desembocó en un juez emitiendo una orden de investigar el caso, nunca más se volvió a hablar del tema. Lo único interesante que encontré fue este video de Iquique Televisión en el que se habla del tema, y como mínimo se comprueba que el loco fue, efectivamente, conscripto en los años de la dictadura, ya que salen familiares de él (principalmente la hija), defendiéndolo de lo que hizo, representándolo como víctima, sin negar lo sucedido, ni haciendo una declaración de un “sí mi papá es un viejo loco pastabasero que inventa estas weas”. Al menos esto fue un antecedente que daba un mínimo indicio de que el relato tiene algún fundamento, de alguien que de verdad participó en el golpe de estado.
Lo interesante viene cuando, en la llamada con el Rumpy, hace mención de que escribió un libro en el que confiesa todo lo que fue esta etapa en la que participó del golpe, con lo cual quedé bastante colgado, ¿este weón escribió un libro? Lo busqué en Google para ver qué onda, y lo que encontré fue un post de un blog que se llamaba “Desperdicio Militar Obligatorio” y cuya introducción indicaba que era el relato de este weón en lo que fue el golpe.
Nunca había leído un “libro” publicado en un post, y antes de empezar a leerlo le pregunté qué tan largo era a ChatGPT en comparación a una novela promedio, en términos de páginas. Cuando hice el cálculo de cuántos caracteres tenía la publicación, ChatGPT lo aproximó a un libro de unas 150 páginas, por lo que pensé en no leerlo, pero al final decidí darle una oportunidad.
Sobre el libro
La verdad es que me gustó mucho, hay que tener bastante estómago para leerlo si eres una persona con mucha sensibilidad progresista (yo soy progre pero con muy poca sensibilidad en verdad), ya que este weón, para estándares actuales, es un completo cerdo. Sin embargo, creo que lo genuino del libro no tiene comparación. Dejando de lado que siento que es un relato bastante mentiroso (en general, de forma poco creíble, constantemente se posiciona a él mismo del lado correcto de los hechos), me da la impresión que ni una sola coma del relato es algo que él no hubiese querido agregar al libro, no me cabe duda que, guiándome por los errores de redacción, las faltas de ortografía, y lo degenerado de algunas partes del testimonio, este libro es una auténtica fotografía de lo que estaba en la cabeza de este weón, sea cierto o no (ya que como digo, es difícil creer que todo lo que dice es cierto, o que lo que es cierto no está contado de forma precisa).
Sobre el cómo fue redactado, siento que hay partes geniales que, al menos en lo que a mí respecta, dan la oportunidad de humanizar a alguien que fue parte de, en mi opinión, el episodio más terrible de la historia de Chile. La verdad es que no me gusta cuando en temas tan sensibles, la gente se queda con la opinión más fácil de dar, y es que cuando no se está en los zapatos del otro, es fácil decir “se pudo hacer esto” o “se pudo hacer esto otro”, pero a mi parecer la historia deja en evidencia que en muchos casos (no en todos obviamente), trazar la línea entre quienes fueron víctimas y victimarios es mucho más difícil de lo que parece (en muchos otros no, como en el caso de aquellos que ordenaron a estos “pelaos” a cometer estas atrocidades).
Varias horas estuve en la calle, desviando el tránsito. Estaba feliz, me creía paco-milico. ¡Qué autoridad la que tenía! Cuando se juntaba mucha gente en la esquina, detenía los vehículos para dar paso a los peatones y, a la vez, mirando especialmente, a las lolitas capitalinas con sus minis y pantalones pata de elefante. ¡Qué ricas las santiaguinas! Casi puras rubiecitas; estaba loco mirando potos % que iban y venían.
Encuentro fascinante cómo en la ordinariez de un testimonio como este, logro sentir estar en la mente de un milico, para muchos de ellos me imagino ser cómplices del golpe no fue algo demasiado distinto (si mucho más intenso) a un día de trabajo, mierda, siento que la mayoría, sin probablemente educación, no comprendían del todo la magnitud de lo que estaba pasando, y pensamientos tan banales como este testifican dónde estaba la mente de alguien que fue obligado a cumplir esta labor.
ese placer vanal
Palabra usada más de alguna vez, fue el primer horror ortográfico que me encontré, y que solo alimentó mi percepción de que lo que estaba leyendo era el auténtico relato (sea verdad o mentira) del autor.
Por primera vez, saborie la muerte; la muerte que sabe amarga. Porque, para el que mata, nace un sentimiento de angustia y temor, ante una horrible realidad. Para mí, era hiel y veneno. Sentía en ese momento una especie de locura interna. Algo en mí, también había muerto; y algo en mí también había nacido. Me vanagloriaban de un delito, como un acto heroico, en una hora dolorosa y amarga, sintiendo sobre mí, un secreto y una culpa. Las dudas me atormentaban. Sentía mi sangre bullir y alborotarse, sintiéndome solo con mi dolor. Rara vez en mi vida, he vivido y sufrido tan profundamente como entonces. Sentía cosas que, nunca habría creído posibles; era rebelión, orgía de vida y muerte.
Quedé loco. ¡Rechuchas de mi madre!, milicos culiaos, quizás, que güeá me esperaba. Mentalmente me fui despidiendo de mi familia; al final reflexionando y dándome ánimo, invocando a Dios o al demonio, no sabía que chucha pensar. Así, con la mente trastornada,
con esa cagá de honores te glorificaban tu cagá de muerte. Los milicos culiaos, güeón. Ahí quedó, en el suelo, el soldado muerto en acto de desperdicio. Uno no moría en acto de servicio, como dicen los milicos, muere en acto de desperdicio por la vida.
En ningún momento del libro se refiere a los milicos como “nosotros”, me pareció interesante, me hace reflexionar sobre si es una forma de desmarcarse de sus pecados luego de que, por así decirlo, el golpe pasó a ser algo “malo”, o si siempre lo vio así, la verdad es que ambas opciones me son fáciles de creer.
Parándome enérgicamente, me hice la señal de la cruz, así como al lote y, para adentro pensando: Chao, cura culiao. Corriendo fuera de la habitación religiosa. Al cruzar la puerta, una brisa de viento helado, inundó mi cuerpo, mis ojos llenos de lágrimas enceguecían mi caminar. Parado, bien lejos del templo, y limpiando mis lágrimas, exhalando un suspiro de lamento, miré al cielo buscando una respuesta a mi actitud, tratando de encontrar la verdad en el cielo gris por las nubes. No había nada espiritual, nada religioso. Afuera en Santiago lindo, en Santiago miseria, ahí estaba la iglesia; nuestra religión era llamada guerra, nuestros mandamientos eran como usar correctamente nuestras armas, nuestros pecados eran dejar vivos a nuestros enemigos, nuestro sacrificio por la religión, era morir en acto de servicio, nuestros sermones eran disparar a matar. Chao, cura culiao, ándate a correr la paja en el confesionario; ahí, bien escondido, güeón. Pensando caminaba, un torbellino de ondas trastornaba mi mente; pedía a Dios: ¡Cómo chucha no se aparece en Santiago, junto con todos sus angelitos y ordena que cortemos el güeveo! ¡Hasta cuando chucha, íbamos a seguir matándonos por güevás políticas! ¡Hasta cuando re chucha el odio nos dividía! ¡Dónde chucha se metió Dios! ¡Chao, no había nada! La locura de guerra, nos había poseído junto con el demonio. Mi religión era la de un hippie. Mi mandamiento: amor y paz; mi pecado: no hacer el amor y la paz; mi sermón era: lanzar semen con mi arma del amor; mi cáliz: un pito de marihuana. Sí, esa güeá quería, fumar un pito en esa güeá de Escuela Militar, llena de güeones deambulando de allá para acá. No conocía ninguna caleta para fumarme un pito. Sí. ¡Qué bueno! Se me pasó toda la güeá. Eso iba a hacer. Registrándome la parka, envuelto en un papel confort, tenía mi pitito, y me dirigí a las letrinas que estaban limpiecitas, pero como que el olor a mierda y demases seguía impregnado en el aire, era el lugar ideal. Dentro del W. C. encendí del pito. ¡Qué rico! ¡Que alivio! Era en ese momento, como si estuviera rezando mi religión; me sentía orando al supremo marihuana. Practicando mi religión, volando al Paraíso, escapando de la vida, alucinandocon los olores de la mierda o de la yerba, porque mi realidad se confundía con la mierda.
Mi actitud reflejaba lo inconsciente de los militares al traernos a esta situación, o ellos, simplemente, nos miraban como soldados, sabiendo que todos los soldados somos hijos del pueblo. Los hijos de papito no cumplen el servicio militar obligatorio. La clase menos que media, está propensa a cumplir con el servicio militar obligatorio.
Visión marxista por parte de nuestro milico degenerado.
Sin encontrar respuesta a toda esa mala onda, no había ninguna palabra que describiera ese cuadro patético, y lo peor era la más cruel de las realidades. Este drama desgarraba mis entrañas, comparaba mis enfrentamientos de muerte que había ocasionado. Lo hice en defensa de mi persona. Ellos en acciones suicidas o por su instinto de guerreros, murieron en su ley. Los que nunca se rindieron, prefirieron dar la vida por su gran ideal político, como combatientes y punto…. Reconfortándome, que ellos eran guerrilleros extranjeros. Y para mí, sí eran enemigos. Hasta ahora no había matado a ningún chileno. Pero ahí, en el estadio, tenía la plena convicción de que casi todos eran trabajadores chilenos, que habían combatido sólo con sus ideales y sin más armas que sus palabras. Simplemente, esa era mi opinión, sabiendo que los partidarios del gobierno del Sr. Salvador Allende, la Unidad Popular, engrupidos con la onda de extrema izquierda, queriendo imitar a la revolucionaria Cuba, más la “Biblia” de Lenin y Mark. Enfrentar al pueblo a una revolución armada sin cachar la mensa cagá que hubiera quedado, llevándonos simplemente a una guerra civil, igual que Nicaragua, El Salvador y otros países de Centro América, pero como los militares miran donde los demás no veían, se adelantaron. Evitando lo inevitable, era como un mal necesario. Hasta el más güeón cachaba esa mala onda, y lo peor de lo peor, yo estaba metido en ese baile. Bailando obligado, sin tener el más mínimo interés político, sólo era un hippie, y mi política era hacer el amor y no la guerra. Y en honor a mi política, fumaba yerbita, la que depuraba mis sentidos de adolescente, amando la vida, las mujeres, la tierra y el universo de mi buen Dios. Todas esas malas ondas que viví en Santiago, habían endurecido mi alma, llenándose eslabón por eslabón de la cadena de mi inocencia, al realizar cosas que nunca habría creído posibles. Todos estos sucesos que nadie vé, componían la línea esencial interna de mi destino incierto, jurando por lo más sagrado, por mi familia amada, que nunca jamás intentaría otra vez de suicidarme, soportaría esta infelicidad, como pago de todos los felices años que había pasado antes de llegar a Santiago-Vietnám.
Lo que más me llamó la atención fue el “Sr. Salvador Allende”, pero en general es una de las pocas líneas dedicadas a lo que viene a ser el contexto ideológico, lo que habla de cuán politizada era su postura (básicamente, nada).
¿Veis, güeón, somos igual que los presos. Comemos lo mismo, estamos todos presos por el golpe militar. Los milicos culiaos nos usan para su volá, creyéndose justos.- Dándome la vuelta, mirando hacia fuera del estadio y riéndome de dolor, vociferaba. Santiago reculiao, estamos todos presos. Los milicos y los presos, estamos presos, Santiago hippie, estamos presos, sáquennos de aquí. Santiago amor y odio vociferaba, sintiendo un golpe y reaccionando.
Que bajón, mi alma al ver esa brutalidad, se invadió de tristeza y dolor. La agresividad de los milicos, se había desbordado sin ningún control. Luego, fui donde estaba acostado el preso colo-colino, a sus pies, sentado y apoyado en la pared, descansé mi cuerpo tratando de alejar mis sentimientos de mala onda. No quería, no podía pensar nada, nada, nada, nada.
Yo eyaculé cerca de seis veces
Prueba definitiva de lo fantástico de algunas partes del relato… Difícil de creer.
El análisis
Creo que aunque sea terrible lo que hizo este weón, la justificación está ahí, y aunque muchas personas que jamás han sentido miedo, impotencia o frustración como lo pudieron haber sentido muchos, no les parezca la idea, un escenario como el siguiente:
- Toca hacer el servicio militar obligatorio (en contra de tu voluntad)
- Por el contexto político te despliegan para ser parte de un golpe de estado
- Te obligan (para simplificar el análisis), a matar a alguien (lo que hizo este weón fue bastante peor, por lo que quiero separar esto)
Es algo difícil de dimensionar, ¿qué habrías hecho tú? Es fácil responder “habría desobedecido” o “me habría pegado un balazo” cuando fuiste a la universidad, cuando tus padres siempre te quisieron, cuando te educaron, cuando no te faltó nada. “Siempre hay una opción”, ¿cuál es el acto más valiente que has hecho? ¿Por cuántas causas morirías? Es difícil traicionar a una clase de la que no tienes conciencia, y si mal no recuerdo Marx está conmigo en esta. ¿Qué se puede concluir si no, que se es víctima también? Él no quería estar ahí, y es de las pocas cosas que no pongo en duda. Y el miedo a la deserción es algo con lo que pocos han tenido que lidiar, no quiero decir que este weón no es un monstruo (que de hecho, sí lo es), ni que es particularmente bueno o malo, lo que quiero decir es que no lo sé, y muchas personas, que en un acto en mi opinión, de soberbia, creen que con poco y nada de contexto pueden concluir cualquier cosa sobre el actuar de una situación que no comprenden, tampoco lo saben.
Algo que me pasa pero que al menos en mi sector es mucho más fácil encontrar es la visión más empática sobre la delincuencia de calle, sobre el niño del Sename que se terminó transformando en un monstruo por culpa del sistema, que terminó robando, matando o violando sin nunca haber conocido el amor o haber sido parte del sistema que no le entregó más que desgracias. Desde que tengo conciencia he tenido esa mirada más “woke” de este problema social tan complejo, y me hago la pregunta, ¿se puede empatizar con uno y no con otro? ¿No son 2 caras de la misma moneda? No hablo de lo legal, no hablo de si meterlos presos o no (que en ambos estoy de acuerdo que sí), hablo de cómo los juzgamos como personas, y de cómo intentamos formar un país más justo, pq a mí no me cabe duda, que, al menos para este milico, él es una víctima también, y creo que algo de razón tiene.
Me gustaría tener una bola de cristal y conocer al Guillermo Reyes Rammsy que estudió en la Chile, que sacó una carrera universitaria y que pudo vivir una vida alejada de las cadenas de la ignorancia. Una persona tan privilegiada que podría decir con tranquilidad que no conoce lo que es el miedo, el hambre o la miseria. Un hombre libre, como pocos en este mundo…