El fútbol

Y su impacto cultural

El fútbol siempre ha sido parte de mi vida, de alguna forma u otra. El impacto que ha tenido a lo largo de mi existencia extiende sus tentáculos a casi todas las dimensiones de mi identidad: amigos, familia, videojuegos, música, etc.

Lamentablemente el fútbol tiene una fama que no se merece, y que esconde a ojos de muchos lo hermoso que es, no tan solo el deporte, sino la cultura que se crea en torno a él. La imagen de “el fifas” fanático del fútbol, que solo entiende la vida por medio de conceptos futbolísticos, e irremediablemente desemboca en problemas de violencia intrafamiliar, hace que mucha gente reduzca el fútbol a 22 personas siguiendo una pelota, al deporte y a sus reglas, y cuya locura no tiene mayor explicación que ser la fuga de los problemas de salud mental que arrastran los hombres que no son capaces de ir al psicólogo.

Es una pena, realmente una pena. Es una pena no entender el fútbol, porque el fútbol es de las cosas más hermosas que existen y que nos definen como sociedad.

El arte

Pensé en algún momento remitirme a una definición de diccionario, o a algún gran pensador que defina el arte, y partir desde ahí, pero concluí que no estoy ni ahí con estas definiciones. Y es que mirar en menos las sensaciones, las emociones, los sentimientos que genera el fútbol me parece un acto pedante a más no poder. ¿Cómo se le explica a alguien que una rabona no tiene nada que envidiarle a una pintura? ¿o que un pase entre líneas emociona tanto como una pieza de música clásica? Muchos de los goles más importantes de la historia han derramado más lágrimas que cualquier cuadro de Picasso, han desmoralizado más que cualquier película, han llegado al corazón de más personas que muxhas canciones.

Un buen regate demuestra más atrevimiento que muchas obras de teatro, hay penales fallidos que probablemente han roto más corazones que cualquier romance de telenovela.

¿Por qué ocurre esto? Difícil de explicar, y es que no tiene explicación, si la tuviera dejaría de ser lo que es… cualquier obra de arte puede ser mirada en menos si se demuestra la suficiente ignorancia: “es solo un juego”, “son solo ruidos sin sentido”, “es un simple dibujo”. El fútbol nos pilla a muchos desde que somos más pequeños, y es que el fútbol es parte fundamental de la identidad de muchas personas, en su mayoría hombres, que solo han sabido llorar cuando el equipo de sus amores ha salido campeón después de innumerables años, cuando el único abrazo que se han dado con su abuelo ha sido en un estadio, alentando codo a codo junto a miles y miles de personas, cuando la única canción que han coreado junto a su hermano son los cánticos de sus colores, y cuando la única conversación que han tenido con su papá que no tuviera que ver con una gotera en el techo, o un clavo mal puesto ha sido sobre las posibilidades de la selección para clasificar al mundial.

En mi vida

Creo que algunos de los ejemplos que di son un poco más extremos, pero se asemejan, sin duda, a lo que ha sido mi vida como hombre. Me emociono con bastantes pocas cosas, pero la mayor cantidad de las veces que algo ha llegado a mi corazón ha sido por medio del fútbol, y no el fútbol como tal.

Nunca se me ha hecho un nudo en la garganta como cuando al equipo de fútbol del DCC en la mona le metieron el cuarto gol en la final, nunca me he sentido más cercano a mi papá que viendo un partido de la U, nunca me he sentido más libre que gritándole a un futbolista del equipo contrario “aweonao” siendo un niño, al lado de mi papá, sin ser reprochado por este acto de desahogo, nunca me he sentido más útil que, habiendo sido malo para la pelota toda la vida, marcando un gol clave para el equipo de mis amigos.

Es mucho más que eso, solo el gol de Deeney en la semifinal del ascenso inglés contra el Leicester hace que se me ponga la piel de gallina, solo la intro de la Champions hace que sienta que algo épico está por comenzar, solo la música del FIFA me hace sentir un niño otra vez, solo los goles de Chile en la Copa América del 2015 me hacen soñar con que nada es imposible.

Lo he contado en más de una ocasión, quizá el mayor referente que he tenido en mi vida ha sido mi abuelo materno, él murió hace unos años, tuvimos vidas completamente distintas, todo lo que a él le faltó yo lo tuve en abundancia. Además del apellido, no escucho la música ranchera que escuchaba él, no veo las películas mexicanas con las que se divertía, ni he llenado los puzzles con los que pasaba el rato. Aunque me enseñó a jugar ajedrez y a las cartas, estas partidas no viven en mi memoria. Pero hay algo que sí compartimos, incluso en sus últimos momentos, con una mente deteriorada por la demencia, él era de la U, veía los partidos de la U sin entender realmente lo que estaba pasando, creyendo que la repetición de los goles valían también para el marcador.

Desde mi adolescencia hasta mi temprana adultez, no lloré; diría que desde que tuve 15 años hasta el año pasado no lloré. No sé por qué a veces cuesta tanto llorar. En el funeral de mi abuelo no lloré, en el de mi prima tampoco, y aunque no diría que me genera culpa, es algo que definitivamente lamento no poder hacer. Un día mi abuela, de la nada, me entrega un cassette, me dice que era de mi abuelo y que solo sabía que era de la U. Recibiendo este recuerdo como a quien le pasan un Super 8 decidí guardarlo para cuando tuviera la oportunidad de pasarlo a digital. Días después, ya en mi casa, me conseguí una radio y un cable auxiliar, los que conecté el audio al computador y me puse a escuchar.

Eran los relatos de goles de la U en la Copa Chile de 1994, hasta la fecha 6, copa que ni siquiera ganamos, pero que contaba con un equipazo que ese mismo año, luego de 25 años y con la mancha del descenso en su historia reciente, salió campeón del torneo nacional, de la mano de un ídolo como lo fue Marcelo Salas, con quien comparto apellido.

Mientras escuchaba los relatos, una ola de sensaciones azotó mi cuerpo, y sin verlo venir en absoluto, me encontré llorando. ¿Por qué? A día de hoy no lo sé, pero sin duda mientras lloraba, sentí una tremenda felicidad.

Podría decir que fue la felicidad de tener una buena vida y de haber tenido un tremendo abuelo como lo fue el mío, pero la verdad es que no lo sé, no tengo idea. Solo sé que por unos breves segundos lloré como no lo hacía hace años.

Hay gente que encuentra ridícula a las personas que lloran por un gol, por un partido ganado o por uno perdido. Y es que para muchas personas, yo habré llorado por escuchar el relato de un gol ocurrido hace más de 30 años, cuando yo no existía, y que no significó nada para la historia de la U. Pero para mí significó mucho más que eso.

Mientras escribía esta publicación escuché muchas canciones, reviví muchos momentos, los mejores goles de los mundiales, resúmenes de partidos importantes, canciones del FIFA que a día de hoy encuentran espacio en mi reproductor.

El cassette de mi abuelo lo digitalicé y lo subí a YouTube (link).

Que viva el fútbol, aguante la U.