El amor

En el día del amor

El día de los enamorados, qué bonito, qué lindo. ¿Cuánto se puede hablar sobre este día? ¿O del amor en general? El amor no es indiferente a nadie, y tanto en su ausencia como en su abundancia, mucho se puede decir del amor.

¿Y de San Valentín? ¿Es una fecha comercial que debería ser reinterpretada? ¿Un día especial para los enamorados? ¿El día del amigo? ¿El día del gimnasio para los corazones rotos? ¿El día de la paja? Creo que la última de estas opciones es la que más se ajusta a mi realidad.

Mi San Valentín

Hace un tiempo que mi hermano empezó una relación, y como mis papás están de viaje, me tocó pasar San Valentín solo en casa. No hubo muchas alternativas de panoramas, por lo que agendé una cita con Manuela y me clavé una de las pajas más deprimentes de las que tengo memoria, incluso para estándares de San Valentín.

¿Cómo lo pasé? Bastante bien, en verdad no me genera absolutamente nada ver historias de parejas felices, contenido relacionado al amor, o cosas por el estilo. Quizá a eso de las 6 de la tarde, momento en que tomé la valentía de dejar de ver la pantalla del celular, y pasé a ver la pantalla del computador, pasó por mi cabeza la idea de invitar a algunos amigos solteros para pasar la tarde. Esta idea fue rápidamente sedada por la serotonina de las luces led, y no le di muchas vueltas más.

Creo que si no fuera por mi blog, este día no se habría diferenciado en absolutamente nada de cualquier otro sábado solo en casa, pero como me animé a escribir de este tema, de alguna forma me obligué a pensar y reflexionar sobre el amor.

Mi amor

El amor juega un rol muy importante en mi vida, siempre he sido un hombre feliz y creo que el siempre haberme sentido amado jugó un rol muy importante en esto. Además de un núcleo familiar sólido y una familia con la que siempre me he sentido muy unido, tengo un montón de amigos en los que puedo confiar y pasar un buen rato.

Desde pequeño que me gusta sociabilizar, ser el payaso del curso, llevarme bien con todo el mundo y, en general (siendo honesto conmigo mismo), llamar la atención. Afortunadamente siempre se me ha dado, no sé si fue primero el huevo o la gallina, pero esto me ha permitido ir puliendo mis habilidades sociales a lo largo de los años. Desde chistes que he contado mil veces, anécdotas que repito hasta el cansancio, o las mismas tallas que nunca fallan, creo que no solo he aprendido a conectar con cualquier persona, sino que siento la necesidad de hacerlo.

Desde todos los extremos, he llegado a pensar que hasta con un talibán podría llevarme bien, tirar la talla, y encontrar puntos en común donde no los hay (porque me costaría creer que los haya). Y es que me gusta tanto, que me hice la costumbre de, a los Uber fachos con los que coincido, hablarles (siempre le hablo a los Uber), y encontrarles la razón (aunque no sea algo con lo que esté de acuerdo), solo para conocer la versión más honesta que pueden llegar a mostrar en esos 15 minutos de viaje.

No me cae mal casi nadie, o al menos nadie que conozca me genera el rechazo suficiente como para no poder compartir con él, reírme con él, o pasar un buen rato. Y aunque he sido tildado de “falso” por esto, me da un poco lo mismo, es una actitud completamente genuina de mi parte, y creo que sería más estúpido obligarme a odiar a alguien.

Tengo una forma bien “masculina tradicional” de llevar mis amistades; con muchos de mis amigos con los que ya no coincido en la cotidianidad, la relación se limita a encuentros esporádicos, que aunque escasos, se sienten igual de cercanos que siempre. Y es que no me nace la necesidad de juntarme con mis amigos, no he desarrollado un apego con ninguno y siento que es una forma muy sana de llevar una amistad. Cada cierto tiempo procuro reunirme con todos, pero si no tengo ganas de juntarme con alguno, ¿qué sentido tendría buscar este encuentro de todas formas? ¿Es sano para una relación reunirse por obligación? Yo creo que no, y si un amigo es de verdad un amigo, el momento se va a dar de todas formas, tarde o temprano.

Esta actitud también ha sido objeto de algunas críticas, pero algo que definitivamente no haré será ser algo que no soy.

Mi romance

Y creo que esta forma de ver las relaciones ha tenido un impacto directo en mi vida amorosa. Nunca he sentido la necesidad de estar en pareja, y aunque es algo que me gustaría experimentar en algún momento, creo que lo que veo en mi día a día sobre las relaciones en pareja de la vida real me han hecho tomar distancia de las oportunidades que se me han presentado de conocer una media naranja.

A mis 25 años, jamás he estado en una relación. Y aunque usualmente digo que me gustaría estar en una, en todas y cada una de las oportunidades que se me han presentado he terminado cortando el cable, no sé por qué.

Quizá sí sé por qué, pero es algo que prefiero dejar para mí. Lo que sí puedo decir es que, aunque me he farreado buenas oportunidades, no me arrepiento de nada. Siempre he estado feliz conmigo mismo, con lo que soy y con lo que he logrado, y si soy medio raro con esto de las relaciones, prefiero abrazar a mi yo completo, con sus virtudes y defectos.

Oiga sobrino

Creo que la polola es inevitable, estoy medio decidido a tener una, y aunque no tengo ningún apuro, es algo que debería pasar. Diría que me va relativamente bien con las mujeres, suelo tomar la iniciativa, tengo una batería social infinita (al menos a la fecha, jamás me he “chatiado” de estar con gente), y tengo una red de amistades lo suficientemente amplia como para asumir que tarde o temprano conoceré a la indicada.

Por ahora

Aprovechar mi soltería y mi juventud para hacer todas las weas locas a las que siempre me he dedicado. He visto a muchas personas a las que pololear les consume una parte importante de su tiempo, solo pensar en esto me da pavor.