CD Anakena
Sus orígenes
Érase 2022, y como todos los días, me encontraba pensando en cuál podría ser mi siguiente aporte a la comunidad de computación como integrante del CaDCC.
El DCC
Casi cualquier persona con la que he hablado con un par de copas encima lo sabe, estoy perdidamente enamorado de mi carrera. No sabría decir por qué, supongo que es una mezcla entre varios factores. Desde chico fui fanático de los computadores, aprendí a programar relativamente temprano, y desde el momento que entré a la carrera me sentí muy identificado con la comunidad del departamento.
Hoy en día estar todo el día en el computador no es que sea considerado algo bueno, pero como mínimo está bastante más normalizado que antes. Los smartphones y las redes sociales son transversales en la sociedad, y es que hasta mi abuela pasa el rato con videos de Facebook desde su celular.
Siento que mi generación fue parte de una transición digital del punto de vista social. Aunque no siento que haya habido mucho estigma entre mis pares sobre pasatiempos como jugar videojuegos o ver anime (al menos en comparación a unos pocos años atrás), las generaciones mayores eran aún muy ajenas al mundo digital, y al menos desde mi experiencia, los niños nerds muy metidos en el computador éramos más estigmatizados que hoy en día.
Siempre me sentí parte de este mundo, de la cultura del computín, y el DCC como espacio seguro para aquellos que vienen de este mundo conquistó mi corazón. Los memes, los dibujos en las salas, los temas de los pasillos, siempre me sentí como en casa. Sin embargo, con el tiempo me fui dando cuenta de que los estigmas asociados a este perfil seguían entre nosotros, en nuestra conciencia colectiva, incluso con consecuencias en nuestra autoestima y autopercepción.
La mona
En algún momento, desconozco cuándo, me enteré de la existencia de una actividad de la que hasta ese entonces jamás había escuchado, la mona. Esta, se podría decir, son las olimpiadas que se realizan entre las distintas especialidades de la facultad, cada departamento tiene su cupo y computación compite contra otras ingenierías como industrial, civil, mecánica, etc.
Como CaDCC, se me asignó la pega de gestionar el tema de las olimpiadas. Poniendo en orden las ideas, me di cuenta que no teníamos ninguna base de la que apoyarnos para organizar esto. El departamento, como el resto de la universidad, se encontraba en una etapa de transición post-pandemia, y la labor principal de los CaDCC de este periodo fue recuperar la herencia cultural de la carrera, la que se vio fuertemente afectada luego de prácticamente 2 años de no presencialidad.
Como en la mayoría de los proyectos de ese año, me ultra obsesioné con ganar la mona, y durante el proceso de reclutamiento y propaganda, me encontré con una fuerte presencia de todos los estigmas habidos y por haber sobre los computines, incluso entre nosotros. Desde tíos hasta compañeros de carrera, cuando comentaba el tema de esta olimpiada, compuesta principalmente de deportes físicos, y el plan para ganarla, recibí burlas e incredulidad, y es que para todos, computación solo estaba compuesta de ñoños, que no han tocado pasto en su vida, y que son poco menos que perdedores crónicos incapaces de organizarse para competir en algo así.
Inaceptable, me daba mucha rabia, y de entre todo este pesimismo, los comentarios que más me dolieron fueron los del tipo “es que no me siento realmente un dcc” de compañeros de carrera. Para mucha gente más cercana al mundo del deporte, el departamento no se sentía como un lugar cercano, un lugar del que fueran parte. Se sentían marginales por no corresponder a este estereotipo de computín. ¡Todos éramos dcc! el departamento tenía una diversidad increíble, y tal como eran muchos a los que le gustaba el anime, ¡muchos eran a los que les gustaba el fútbol! ¡todos son bienvenidos! algo se tenía que hacer, eran muchos los que compartían la pasión por el deporte, tan solo no se conocían. Teníamos que sacarnos el estigma, teníamos que demostrar de qué estábamos hechos, y para eso, teníamos que ganar la mona.
El proyecto
Siento que si me pongo a hablar de esto con un poco de detalle tendría que abrir otro blog. De la mano de este proyecto se fue conformando el núcleo de mi grupo de amigos de la U. Dejando a muchas personas en el tintero, junto con la Milla, el Jero, el Seba y el Tomy formamos Anakena. Creo que es por lejos el proyecto más grande en el que he participado en relación a su tamaño y a mi rol.
Por ahora solo queda decir que fue un éxito total, además de la mejor experiencia de mi vida. Desde las victorias más dulces a las derrotas más amargas, ha sido increíble lo que se ha llegado a formar. Aunque al inicio le dediqué mi vida, con el tiempo le he ido soltando la mano al club. Mi mayor miedo es que Anakena muera junto con la vida universitaria de mi grupo de amigos, espero no sea así.
Me dan ganas de seguir escribiendo, pero tocará continuar la historia en otra ocasión. Lo que importa es que a día de hoy, casi 4 años después, Anakena sigue, y es lo más grande. Creo, independiente de lo que pase en el futuro, dejó una huella imborrable en el DCC, además de un cambio para bien, en una carrera que debe darse cuenta de lo grande y diversa que es, tomarle el peso. Hace muchos años dejamos de ser un nicho.
Aguante Anakena.