La IA, la revolución industrial y la conquista de América
En busca de la gloria
Partiré esta publicación por la canción, y aunque nada tiene que ver con el origen de la idea, está clavada para este blog. Conquest of Paradise, de Vangelis, creo va a ser parte crucial del mood con el que quemaré el teclado. Pluma en llamas, nada me detiene. Sable… listo, botas… listas, botella de ron… lista. PREPARAOS PARA SURCAR LOS MARES, DONDE NO HA LLEGADO DIOS, EL PARAÍSO NOS ESPERA, ¡CONQUISTADLO!.

Como de costumbre, la IA se toma la agenda de mis conversaciones. Nunca es suficiente. Aunque puertas afuera pareciera que la palabra de la IA ha llegado a todos los rincones de la computación, la polémica sobre cómo se va a integrar a nuestro modelo productivo está lejos de concluir.
Las revoluciones
Siendo La era de la revolución de Eric Hobsbawm mi libro favorito, los otros dos títulos de esta famosa trilogía sobre la historia del largo siglo XIX dejaron sin duda conceptos a los que esporádicamente le termino dando vueltas. En esta publicación me gustaría rescatar la idea sobre algunos de los grandes ganadores de la primera revolución industrial, sobre los que Eric nos habla en La era del capital.
Según Eric Hobsbawm, los primeros ricos de la Revolución Industrial fueron hombres de orígenes modestos que se diferenciaron de la vieja élite por su audacia para subirse al carro de la tecnología textil y jugársela por completo por la mecanización. Aprovechando que las primeras máquinas eran baratas, apostaron el todo por el todo a este nuevo sistema y reinvirtieron obsesivamente cada ganancia en expandir sus fábricas, logrando amasar fortunas gigantescas allí donde los comerciantes tradicionales no se atrevieron a arriesgar.
Resumen de ChatGPT
Le pedí a ChatGPT que resumiera la idea, porque igual el libro me lo leí el año del hoyo y no me acordaba de los detalles, pero lo importante es que es un gran ejemplo de estas veces en la historia en las que algo increíble ocurre. Y a pesar de que todos saben que esto ocurre, son pocos los que se atreven realmente a aventurarse entre los siete mares, y menos son los que lo hacen con un buen plan en mente.
La integración de la IA en la industria
Como todo buen frenesí, en muchos lados la IA ha jugado un rol más marketero que práctico. Y es que, sin tener el ejemplo a mano, bien sabidos son los casos en los que la integración de la IA ha sido algo más del estilo “Ya chicos, gerencia quiere que hagamos alguna wea con IA, así que metan la IA como se les cante el culo para resolver este problema que, probablemente, no necesita IA para ser resuelto”. Esto ha hecho que una parte no menor de los computines tomen posturas escépticas sobre si la IA va a realmente revolucionar tanto el mundo como la gente cree.
La revolución de la IA
La IA lo va a cambiar todo, y va a revolucionar nuestro modelo productivo. No sé si tanto como la máquina de vapor, pero no me parece desfachatado pensar que algo de ese orden podría llegar a suceder. Aunque la imbecilidad humana, traducida en proyectos como el ejemplo anterior (creados para saciar a gerencia), tendrán un impacto en el tiempo que tome la transferencia tecnológica para llegar al día a día de las personas, en los libros de historia aparecerá la década de los 20 como el inicio de esta revolución, que tendrá consecuencias sin duda gigantes, pero por ahora desconocidas.
Hay días en que me siento bendecido. En algún momento, en mis primeros años en la carrera, miraba al pasado y sentía que una ola del tamaño de la llegada del internet (por ejemplo), era de proporciones tales que jamás viviría una revolución de similar magnitud. ¿Qué tan más rápido podría viajar la información? ¿Qué tan más personalizada podría ser? Y, sin embargo, aquí estamos. Puedo ver la ola con mis ojos. Al sacar la lengua se siente lo salado del agua. Tengo corazonadas sobre a qué lugares podría dejarnos. Quiero surfearla. Espero surfearla.
En el auto con el Dani
Aprovechando que se paleteó y me pasó a dejar a mi casa, nos fuimos conversando sobre esto, y entre palabras y conceptos, salió uno que me gustaría comentar. Cuando entre pasillos se empieza a hablar del descubrimiento de un nuevo continente, hay quienes son escépticos y prefieren quedarse en casa, y hay aquellos que, tal vez sin mucho que perder, deciden atravesar la inmensidad del océano en búsqueda de glorias y riquezas.
A pesar de que el desarrollo de las LLM es limitado a megacorporaciones de dimensiones descomunales, su uso, al menos hasta ahora, está al alcance de todos. Me gusta pensar en las Américas como las tierras donde se puede hacer riqueza, y al final del día, cada una de estas revoluciones tiene que ver con la capacidad de llenar el espacio de la insaciable necesidad humana. El internet no es un fin, es un medio. Nadie tiene internet por tener internet, este se ocupa con otros fines: alimentarse, compartir, divertirse, estudiar, trabajar, etc. Aquellos que conquistaron América fueron quienes se apoderaron de los mercados con estas nuevas tecnologías. En tierras vírgenes de banda ancha, pobladas principalmente por kiosqueros y supermercados, llegó Jeff Bezos, cuan Francisco Pizarro, a sacudir los cañones de Amazon y apoderarse, una mascada gigante tras otra, del mercado de las ventas. Cosas similares se pueden decir de Netflix, Spotify, Facebook, Google, PayPal… la lista es enorme. Cada una caracterizada por su capacidad de usar el internet para cubrir la insaciable demanda de la sociedad capitalista en la que vivimos.
Se distinguirán aquellos que sepan integrar la IA ahí donde más puede aportar. Esta será el cañón con el que conquistar las cuotas de mercado, donde no solo importa el cómo, sino que incluso más el cuándo. En estas inmensas tierras hay espacio para muy pocos, y los que las conquisten primero serán los vencedores.
Tal como habrá Franciscos Pizarros, habrá Diegos de Almagro. Sin nadie sabiendo con certeza de qué será capaz la IA con el pasar de los años, el miedo a que tu problema sea resuelto por el caso general, o que simplemente el aporte de esta nueva tecnología a la industria no signifique gran cosa, muchos serán los que, en esta aventura, volverán con las manos vacías.
El punto
Ni idea. No sé qué quiero decir con esto. No sé qué es lo que trato de comunicar. Solo sé que quiero conquistar América, que no hay navegante que se me compare y que los mares se aterrorizarán con solo escuchar mi nombre. Nací en la época indicada. En el lugar indicado. Soy el hombre indicado. Nada me detendrá.