Universidades
En resumen, valen hoyo
Un concepto que me gusta utilizar cuando trato de proponer o evaluar un modelo es el de que la economía se trata, fundamentalmente, de asignar recursos para maximizar beneficios, entendiendo por recurso no solamente bienes materiales, o por beneficio la plata. Beneficios como la cultura, la salud, la mismísima felicidad, o cuánta weá se nos pueda ocurrir, requieren de recursos como el tiempo, parches curitas, una flauta dulce, etc., por lo que optimizarlo es un interés más o menos universal. En este blog no seremos marxistas, pero sí somos materialistas.
Al final, la weá se trata de cómo asignamos los recursos en nuestra sociedad, y en nuestra sociedad capitalista usamos principalmente la plata y una versión retorcida del mercado para asignar estos recursos, pero pico, la weá se trata de asignar recursos, ese es el concepto clave, y podemos evaluar nuestro modelo productivo en función de si estos recursos se asignan bien o mal.
¿Cuándo una asignación es buena o mala? Puta, depende. Los más dogmáticos del mercado pensarán que es una buena asignación que la sociedad desvíe recursos para crear, puta, no sé, un Rolex, mientras personas viven en la calle y se mueren de frío en invierno porque esto genera los incentivos correctos en los filthy rich para que se hagan más filthy rich, etc., etc., una línea argumental descerebrada que se cae a pedazos con dos segundos de pensamiento crítico.
Es natural entender que ningún modelo productivo conducido por dogmas ideológicos, a nivel macro, va a encontrar una buena asignación de recursos, por lo que es nuestro deber, como weones vivos, imaginar cuál es el mejor modelo para cada problema: clavar con martillos y cavar con palas. Siento que debería haber una palabra para esto, tengo muchas ideas de palabras nuevas… Pico, harina de otro costal.
Entonces, como en algunos temas soy muy radical con que economías centralizadas rendirían mejor para fines en los cuales la solución colectiva supera por mucho en optimización a la individual (como lo mencioné en mi blog del transporte público), también estoy convencido de escenarios en los que las lógicas de mercado alcanzan una configuración mucho mejor.
Planteando el mercado
En la teoría, lo que el mercado hace bien es, por medio de la competencia, reordenar la asignación de recursos hasta alcanzar una configuración óptima. Entonces, por ejemplo, la competencia hace que aquel recurso humano que peor rendimiento obtiene en una tarea como, digamos, hacer clases, gane plata insuficiente, por lo que tenga que buscar su espacio en otro mercado en el que sea mejor competidor. Y solo los mejores quedan haciendo lo que hacen porque son los mejores. Un poco como la ley de la selva pero (idealmente) con reglas que protejan a los competidores de prácticas antimercado, como pegarle un balazo a un weón que enseñe mejor que tú.
Pero es de vital importancia hacer que los agentes de este mercado tengan los incentivos correctos. Si vamos a asignar nuestros recursos según una economía de mercado como lo hace Chile, como mínimo se tiene que procurar que la función de utilidad (aquello que buscan maximizar los agentes que competirán en este mercado) se encuentre alineada con los beneficios que la asignación buscamos que genere. Si vamos a estar pensando en un sistema de salud, tenemos que evaluarlo principalmente según cuánto mejora la salud de cuántas personas con este sistema. No digo que no importe, obviamente sí importa, pero cuando para argumentar que un sistema de salud es malo, llega un weón tonto y argumenta que un sistema es malo solo porque es “deficitario”, y ese es su único argumento, se hace evidente que con diagnósticos así no se puede llegar muy lejos. Pasa que nuestro sistema es deficitario y penca, pero no se puede dejar de lado ninguno de los dos para encontrar la mejor solución, supongo que se entiende.
Hay muchos ejemplos de mercados donde los incentivos no son los correctos, pero hay uno en los que están particularmente mal asignados: las universidades (la educación en general en verdad).
Lógica mercantil e incentivos desproporcionados
Claramente, las universidades en este momento operan en un mercado. Dependen económicamente de sus clientes, que vienen a ser sus alumnos, empresas que acuden a sus conocimientos, y el Estado (en particular el weón que rifa los Fondecyt). Y naturalmente, como en cualquier mercado, se mueven según sus incentivos para maximizar aquello que les termina dando más recursos. Se miden entre ellas según criterios como el prestigio o rankings, y buscarán maximizar su rendimiento en estos criterios para mejorar su posición dentro del mercado.
El problema es que las universidades son agentes que se mueven en bloques. La pregunta es: ¿dónde va a invertir una universidad sus recursos para mejorar su posición en el mercado? ¿Cómo se contrasta esto con lo que nos gustaría que hiciera mejor? Si nos preguntamos si una universidad tiene incentivos serios para enseñar mejor a sus alumnos, la respuesta es un rotundo y gigantesco no.
Como sociedad esperamos principalmente tres cosas de las universidades:
- Educar a los weones que entran a estudiar.
- Validar sus capacidades (evaluarlos).
- Crear conocimiento que aporte valor (cultura, ciencia, etc.).
El problema es que los incentivos que tiene la universidad en realidad son otros. Las universidades buscan, principalmente:
- Captar estudiantes (clientes).
- Brindar servicios (al Estado o a privados).
¿Cómo captan estudiantes? Puta, con publicidad y prestigio. Durante la PAES, la tele se llena de anuncios tipo “entra a esta universidad, acá somos todos vios”, y el prestigio, bueno, resulta ser un proceso mucho más lento, pero yo no tengo un solo recuerdo de escuchar a alguien decir “ah, me voy a meter a esta U porque acá enseñan mejor”, ¿XD? ¿Tiene sentido esto? ¿Cómo no le va a importar a nadie? A lo más algún weón se mete a una porque es más difícil, y bueno, si es más difícil se tendrá que aprender más, ¿no? No es que no haya criterios decentes según los que elegir, como el enfoque que tiene la U. Pero no puede ser que el objetivo real de la universidad no le importe a nadie, y no es hasta entrar a la U que te empezái a enterar de qué va la cosa más o menos, de qué profes son buenos y malos. Porque los buques insignia de las facultades no son profesores que enseñan bien, son académicos de prestigio. ¿Qué significa que tengan prestigio? Puta, varias cosas, pero ninguna relacionada a qué tan bien enseñan.
¿Qué herramientas se le dan a la gente para decidir qué U es mejor entonces? Como todo en este mundo nos lo tienen que simplificar a un post en Instagram, y resulta que en, no sé, biología marina, la Cato está primera en Sudamérica y la Chile tercera… “Wooo, me tengo que ir a la Cato entonces, es mejor universidad en la carrera que yo quiero” XD, y resulta que estos rankings miden todo menos lo que le podría servir a alguien que planea estudiar su pregrado ahí, que resulta ser la gran mayoría de los que utilizan el ranking para decidir dónde continuar sus estudios.
Entonces, para responder a la pregunta: ¿qué incentivo tiene una universidad para enseñarle bien a sus alumnos? La verdad es que tiene bien poco. Es muy poca la gente a cargo que tiene una mirada lo suficientemente visionaria como para tomarle el peso al daño que le hace a una universidad educar mal a sus alumnos y formar malos profesionales, las consecuencias se ven muy, muy lejos.
Más allá de la teoría, darse cuenta de que a las universidades no les importa cómo se educan sus alumnos es algo que está a vista y paciencia de todos. Todas tienen malos profesores. Incluso en las Ues más top, cosas como la encuesta docente y la retroalimentación para los profesores lisa y llanamente valen hoyo. A los profes se les perdona todo si son buenos académicos o tienen una buena red de contactos, que es algo mucho más valioso para los intereses reales de la U.
La negligente enseñanza universitaria es SISTEMÁTICA
A ninguna universidad le importa, por ejemplo, sacar todo el potencial a sus alumnos. No a todos les cuesta sacar la carrera por igual, y lo que uno aprende está muy limitado a cómo se estructura la carrera. He hablado con amigos muy inteligentes que me dicen que sienten que en la U no se aprende nada, o que la carrera es fácil. ¿Es un problema que a alguien se le haga fácil la U? Es una buena pregunta, si el objetivo fuera enseñar lo más posible, se tendrían que tener mecanismos para ajustar la exigencia para aquellos que rindan más, pero que ni siquiera nos lo estemos cuestionando es síntoma de un sistema que no funciona por ningún lado.
Cualquier persona que haya estado en la U se ha dado cuenta de que muchas veces los ayudantes podrían hacer clases mucho mejores que varios profes. No me cabe duda de que algunas cátedras estarían mejor en manos de un ayudante que de un académico. Hay una brecha gigantesca de capacidad de enseñanza entre el mejor ayudante (un weón muy talentoso, con buenas habilidades sociales, explicativas y mucha energía) y el peor profesor de cátedra (que suele ser un weón que literalmente no maneja absolutamente ni el más mínimo concepto de educación), y esto es una asignación inadecuada de recursos: no tenemos a la gente que enseña mejor algo enseñando.
¿Qué es lo que nos detiene? ¿Por qué limitamos el conjunto de personas que puedan dar una cátedra a académicos? ¿Por qué la U decide quién es el más apto para enseñar una materia? ¿Por qué no importa la opinión misma del que es educado? ¿Por qué a un profe le ponen un 4 en la encuesta docente, y al año siguiente está ahí mismo dictando la misma cátedra? Se hallan excusas en la burocracia, pero en verdad es una falta de voluntad. Si hubiese incentivos reales a que la educación de las personas fuera lo importante, buscarían a la gente más capacitada para dictar el ramo. Se tendrían que agilizar y flexibilizar los mecanismos de elección de profesores para siquiera sobrevivir, pero por suerte para las universidades, nada de esto importa.
La solución: Dividir las universidades
La universidad debería dividirse en subentidades independientes que hagan cada una de estas tres pegas por separado. El que investiga debería estar en otra organización, quizá compartan sala y hagan un coffee break de vez en cuando, y se creen espacios para que compartan académicos y estudiantes, pero ni cagando deberían ser parte de un mismo agente que busque “ahorrar recursos” poniendo a dictar una cátedra a un profe que apenas habla español (como me pasó en segundo año con un ramo). Debería estar trazada muy clara la línea: por muy bacán que sea un académico, si el weón no hace buenas clases, que no haga clases nomás y listo.
Pero el tema en particular donde hay peores incentivos, y el que más encuentro que necesita separarse, es el de evaluar y enseñar.
Hay un problema gravísimo de cuando la misma persona que te enseña algo, te evalúa. Esto ocurre mucho en los colegios y es fácil notar que no se necesita mucho para recurrir a las peores prácticas con tal de responder a los incentivos reales. Cuando salió esta weá del NEM, el incentivo del colegio era que sus alumnos fueran a una mejor universidad, y en vez de esforzarse en educar mejor, todos los colegios se procuraron empezar a poner puros sietes para que tuvieran un buen ranking y NEM. Es ridículo. Y la persona que evalúa no tiene realmente incentivos a hacerlo bien.
El ejemplo de la PAES y los Preus
Acá voy a defender un poco lo indefendible, pero en algunas cosas, no miro con malos ojos la PAES.
Sé que hay un tema ahí, por ejemplo, alguien de mi círculo pensaría que lo que se enseña en la PAES no es matemática de verdad (algo con lo que lamentablemente estoy de acuerdo). Pero igual te hace una persona más ágil en cálculo mental, y en verdad una persona buena para las matemáticas sí rendiría bien en la PAES.
La PAES es una prueba estandarizada que funciona bien en muchos sentidos porque la parte que evalúa y la parte que te prepara para ser evaluado están muy bien divididas. Y ahí sí se da una competencia real. Los preuniversitarios tienen incentivos mucho más reales a preparar correctamente para la PAES que los colegios para preparar, no sé, la prueba de nivel. Y al menos, en cuanto a mi experiencia personal (si de algo sirve) se notaba mucho más la preocupación del preu en hacer que mejorara nuestro rendimiento que lo que jamás sentí en el colegio.
Pasa que para un preu no existen los atajos, no tienen control sobre lo que se le va a evaluar a sus alumnos. Si eres un preu, tienes que invertir en propaganda (no digo que no), pero eso no basta, estás obligado a enseñar bien porque tu éxito depende de cómo les vaya a tus alumnos en esa prueba estandarizada, y la mejora de tus alumnos es muy fácil de medir. No digo que lo que hagan termine siendo de graaan valor tampoco, no creo que esta sea la mejor versión de la educación, pero mejorar tus resultados en la PAES, puta, de algo sirve.
No quiero decir que la PAES sea perfecta tampoco, tiene todas las falencias que una evaluación estandarizada puede llegar a tener, pero la encuentro un ejemplo razonable de cómo, si se dan incentivos correctos para cada agente, se podría alcanzar un sistema educacional mucho más competitivo que el que tenemos ahora.
Incentivos
En resumen, es un tema de incentivos, es un tema de incentivos, es un tema de incentivos. De eso se trata, de incentivos.
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