Teoría del mundo multipolar
Delirios rusos
Mientras escuchaba un programa de radio en el que hablaba Alberto Mayol, este mencionaba a un autor que jugaba un rol clave en la visión política rusa, y que hace muchos años planteó el orden geopolítico al que parece nos acercamos día a día.
Un mundo multipolar
El libro se presenta como una crítica al orden unipolar y al modelo liberal de occidente. A diferencia de las otras críticas que he leído, esta es la primera que no se centra en su funcionamiento, sino en la legitimidad de su expansión, tal y como la ha llevado a cabo occidente a lo largo de los últimos siglos.
El concepto de civilización
No voy a explicar el libro en detalle, pero creo que es necesario dar un pequeño contexto sobre el concepto de civilización, ya que es el corazón del modelo, el cual pretende abandonar el principio de Westfalia y transicionar a un sistema internacional en el que la entidad de organización principal es la civilización, y no la nación.
Para sobresimplificar el concepto, la idea principal es que en vez de tener el centro del mundo en occidente (puntualmente en EEUU) existan múltiples centros de poder, tantos como civilizaciones existan en el mundo. La deficnición de civilización que se propone es muy intuitiva, y el autor identifica algunas tales como: occidente, eurasia, china, árabe, latina, hindú, etc.
Primeros capítulos
Al inicio, el libro se dedica principalmente a establecer conceptos y definiciones que ayuden a entender lo que se viene. Creo que el resumen anterior captura bien el concepto clave para entender la teoría, y en su mayor parte, estos capítulos se dedican a justificar esta división del mundo como algo en escencia correcto y deseable.
A pesar de que entiendo por qué cualquier modelo filosófico necesita establecer esto para tener un desarrollo coherente, creo que si te explican el concepto a la rápida, y vas con la mente dispuesta a aceptar la idea, no son necesarias 40 páginas de explicaciones tan minuciosas y específicas. Conociendo ahora la estructura del libro, me habría saltado el inicio. La mayor parte de los primeros capítulos se dedica a describir y justificar las civilizaciones propuestas, pero en lo fundamental del argumento casi no se mencionan, solo se toma en cuenta su existencia, más no lo que las caracteriza.
En todo caso, aquí está la lista de civilizaciones/polos del mundo multipolar propuestos por el autor:
- Civilización occidental
- Civilización ortodoxa (eurasiática)
- Civilización islámica
- Civilización hindú
- Civilización china (confuciana)
- Civilización japonesa (potencial)
- Civilización latinoamericana
- Civilización budista
- Civilización africana
Parte por parte
En las condiciones contemporáneas, Rusia apenas tiene suficiente potencial para oponerse a Occidente por sí sola, por lo que es imposible volver a un sistema bipolar. Pero en el contexto de la multipolaridad, esta civilización bien podría convertirse en un factor muy importante y en algunos casos decisivo del equilibrio de poder global. Esto se ha vuelto particularmente evidente desde el año 2000, cuando Moscú comenzó a reforzar gradualmente su posición en la arena internacional, superando el caos de la década de 1990.
Me da la impresión de que para cualquier propuesta de nuevo modelo, se debe batallar en dos frentes, el primero respondiendo a la pregunta de “¿por qué se llegaría a esto?” y el segundo “¿qué justifica llegar a esto?”. Este fragmento me sirvió de preámbulo para entender que el libro seguiría principalmente la segunda línea argumental, ya que manifiesta desde el inicio la casi omnipotencia geopolítica de occidente como civilización hasta ese momento (el libro fue publicado el 2012), y prefiere explicar la ilegitimidad de este orden, no tanto el cómo se llegaría a esto.
Weber mostró esto maravillosamente cuando identificó el capitalismo como la expresión de la ética protestante, donde la recompensa del hombre durante la vida mediante la riqueza y el éxito se considera un reflejo directo de su valor moral. El signo de igualdad entre prosperidad y moralidad como marca distintiva de la sociedad occidental de la modernidad tiene, pues, fuentes religiosas y culturales. El capital y el capitalismo demuestran ser no simplemente el estándar del poder, sino el estándar del derecho.
Desde el principio, el marxismo desafía este enfoque y, reconociendo el poder del capital, le niega el derecho a la superioridad moral.
Siento que acá es cuando el libro empieza a ponerse interesante, y cómo no, esto ocurre con la primera gran aparición del marxismo en la discusión. Es evidente que este modelo de marxista no tiene absolutamente nada, en palabras del autor, el marxismo únicamente será de utilidad para la crítica del universalismo de la civilización occidental. Tomar solo el aspecto de la crítica a occidente de una teoría tan compleja como el marxismo me parece un poco forzado, sobre todo considerando que durante el resto de la obra se critica duramente tanto el materialismo como las visiones universales y lineales de la historia.
Occidente no se convierte en un modelo para la imitación y el anhelo, una tierra prometida, donde todas las preguntas reciben su respuesta, sino como la ciudadela de la explotación, la mentira, la violencia y la injusticia.
A pesar de que esta observación se explica como parte de la crítica marxista, es evidente que el autor odia a occidente, y diría que utiliza oportunidades como esta para manifestar su odio a este modelo. Aunque es fácil comprender el odio a la civilización que pretende imponer su visión de mundo como la occidental, una teoría como esta debe parecer imparcial ante las falacias de un modelo, ya sea el dominante o no.
Aceptando la lógica del capital, estamos automáticamente obligados tarde o temprano a reconocer a Occidente y su civilización como el punto de referencia, el modelo a imitar y el horizonte de desarrollo. Pero esto se opone directamente a la idea de un orden mundial multipolar y al valor del pluralismo de civilizaciones. Para algunas civilizaciones, la prosperidad material y las formas capitalistas de economía son aceptables y deseables, pero para otras civilizaciones es posible que no lo sean en absoluto. El capitalismo no es obligatorio y no es la única forma de organizar una economía. Puede ser aceptado o rechazado.
El capitalismo surgió en Occidente, y allí puede desarrollarse más o morir. Pero su expansión más allá de los límites del mundo occidental, aunque condicionada al afán de crecimiento del capital, está completamente injustificada desde la perspectiva de las sociedades no occidentales sobre las que se proyecta. Cada civilización puede tener su propio tiempo, su propia noción de la historia, su propia visión de la economía y del desarrollo material. El capitalismo invade las sociedades no occidentales como una continuación de la práctica colonial y, en consecuencia, puede y debe ser rechazado, revertido, como la agresión de una cultura extranjera o una civilización extranjera.
En cuanto a la demanda de las feministas de ampliar la presencia del principio femenino en la teorización de las RI, precisamente esto no se reproduce necesariamente en la TMM.
Tremenda fue mi sorpresa cuando me encontré con, como un tema en sí mismo, La relevancia de la teoría feminista para la TMM, pensé que se vendría una visión política corte ajedrez en cuatro dimensiones, pero resultó que del feminismo solo rescata el plantear un cambio y una reconstrucción radical de las teorías sociopolíticas.
¿Qué sentido tuvo mencionar al feminismo para esto, y más aún, únicamente rescatar uno de sus aspectos, probablemente el más marginal? Me pregunto si, en un espíritu más panfletero que filosófico, el autor aspira a encontrar mínimos comunes con filosofías opuestas a la suya, pero opuestas también a las lógicas capitalistas en una forma de decir “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.
Si las feministas luchan contra los esfuerzos de los hombres por hacer pasar sus arquetipos y actitudes de género como algo universal, deberían juzgar de la misma manera el intento de hacer pasar por universal cualquier valor con un origen histórico y local, incluida la idea de la igualdad de sexos, que en su forma contemporánea es sin duda un concepto puramente occidental, moderno y parcialmente posmoderno.
El feminismo, a pesar de ser más un movimiento que una ideología, sin una hoja de ruta clara, tiene sus raíces en un problema que (al menos para las feministas) es considerado universal. Siento en este argumento un chantaje bastante barato, en el que casi cualquier persona que luche por un tipo de igualdad debería respaldar esta teoría, y no me parece algo tan claro. El mismo condicionamiento se le podría hacer al comunismo, por ejemplo.
Si seguimos visiones de la historia universalistas y occidentales, la transición a un sistema internacional global es algo «irreversible» y «justo» para todas las sociedades del mundo. Incluso cuando los países se incluyeron originalmente en este sistema como colonias europeas, gradualmente reciben independencia y adquieren soberanía nacional. Pero así es sólo como están las cosas superficialmente. Bajo la fina película de la modernización de los sistemas políticos en la mayoría de los países no occidentales, se conserva un modelo sociocultural completamente diferente, que por regla general corresponde precisamente al sistema internacional clásico o antiguo. La modernización se extiende a las capas superiores de la sociedad, pero la mayoría permanece en una condición de sociedad tradicional. Por lo tanto, las antiguas sociedades coloniales que recibieron la independencia son solo formalmente «soberanas» y, en consecuencia, solo formalmente actores de pleno derecho del sistema de Westfalia. Esencialmente, siguen siendo sociedades tradicionales, como antes.
Me gustó mucho este párrafo. Además de ser verdad, creo que es la crítica empírica más fuerte que se le puede hacer al expansionismo liberal. Aunque no creo que liquide del todo por sí sola la legitimidad de este comportamiento, como mínimo demuestra que la forma de llevar a cabo esta expansión ha traído más problemas que soluciones en muchos casos. Si a esto le sumas la poca autocrítica que han demostrado las potencias occidentales a lo largo del tiempo, es lógico pensar que esta deuda histórica podría terminar siendo pagada bastante cara.
El mundo que se globaliza, con la intención de dar un paso decisivo más allá de los límites de la modernidad, descubre de pronto que en muchas regiones del mundo la modernidad, aparentemente, ni siquiera ha sido aún aprobada y la era moderna no ha comenzado. Y aquí surge la sospecha de que tal vez en estas sociedades no occidentales la modernidad en su comprensión europea habitual es del todo imposible, y la era moderna nunca comenzará.
Así, el universalismo y el globalismo basado en él resultan ser sólo formas de colonialismo, imperialismo y racismo, es decir, la proyección de un sistema ético comunitario (histórica y geográficamente predeterminado) sobre toda la humanidad.
Hay algo en la palabra racismo que toca una fibra sensible en la conciencia colectiva occidental. Y aunque creo que el punto se podría explicar por sí solo con los primeros dos conceptos, el tercero le da un peso mucho más fuerte a la acusación.
Al mismo tiempo, la dimensión semántica significativa de la naturaleza de la unidad en comparación con el sistema global, donde la unidad básica era el estado-nación, puede compararse en la TMM con la diferencia entre las partículas elementales de la física clásica y los fractales (Mandelbrot) o bucles (en la teoría de supercuerdas de Witten).
Pero en todos los casos, este individuo atómico se representa sobre la base de la antropología occidental y se conceptualiza a la luz de las ideas clásicas modernas y posmodernas. En otras palabras, el límite de la complejidad de los sistemas turbulentos es el individuo como concepto, construido de acuerdo con los patrones de la sociología europea occidental. En consecuencia, todos los cálculos en torno a los problemas del portador de la soberanía se construyen de una forma u otra sobre la base de este concepto. Los átomos se pueden combinar de la manera más fantástica e ingeniosa, pero cualquier composición siempre será un código digital, sujeto a cálculos estadísticos.
Pero el pluralismo de civilizaciones derriba el suelo bajo tal conceptualización. El problema es que las diferentes civilizaciones operan con diferentes construcciones antropológicas, la mayoría de las cuales no se resuelven en individuos atómicos. En otras palabras, los individuos atómicos no son elementos irresolubles (atómicos) o autónomamente sustanciales.
El principio de casta hindú tiene poco en común con la democracia religiosa islámica o el ritualismo chino. Además, las mismas bases civilizatorias pueden producir diversas conceptualizaciones del poder en sus relaciones con otras sociedades y personas separadas. En la civilización cristiana vemos al menos dos modelos medievales polares del estado normativo: 1) la sinfonía de autoridades y el cesaropapismo de Bizancio (del que todavía hay ecos en los países ortodoxos, especialmente en Rusia) y 2) el agustiniano, en el sentido de la enseñanza de las «dos ciudades», el principio del primado del obispo de Roma, característico del occidente católico. Después de la Reforma, se sumó a esto un amplio espectro de concepciones protestantes sobre la naturaleza de la autoridad, desde la monarquía luterana hasta el calvinismo profético-liberal y el anabaptismo escatológico.
Al adoptar el modelo del mundo multipolar, los sistemas de autoridad arraigados en las peculiaridades civilizatorias de las sociedades tradicionales perderán la necesidad de ocultarse bajo normas democráticas occidentales equívocas y superficialmente adoptadas.
Durante la lectura del libro, no es tan claro si la forma en la que las civilizaciones se van a organizar es un tema del que se vaya a hablar, y no obstante, se habló. Aunque en argumentos así, con tal de parecer imparcial sea fácil caer en medias tintas, no amarillaré en esto: creo en la horizontalidad de la sociedad como un fin universal. Más allá de que esta bandera se la atribuyan ideologías comunistas o socialdemócratas, sin duda la posibilidad de vivir en sociedades más igualitarias (y por ende, más justas) es un objetivo que universalmente se debe perseguir.
No creo que una estructura basada en civilizaciones sea incompatible con esto en la teoría, quizá en la práctica sí, pero defender como creo que lo hace este libro sistemas de castas me parece algo espantoso. Antes de que salga algún aweonao jugando al empate con análisis miserablemente cualitativos, se debe aclarar que el racismo es algo presente en absolutamente todas las sociedades, pero tenerlo presente explícitamente en normas jurídicas no solo me parece peor, ha demostrado ser peor. No se puede vivir jugando al empate, es necesario matizar las cosas para lograr cualquier avance, sobre todo cuando se vive en un mundo tan lento y de cambios graduales como el nuestro.
Es fácil tener una visión así cuando se tiene una carencia absoluta de empatía y se está en una posición de privilegio. Las ideologías del siglo XX (las de occidente, lo sé) fueron transversalmente claras en estos temas.
El pluralismo civilizatorio de la TMM no insiste en absoluto en la abolición de la democracia donde existe o en impedir su surgimiento y crecimiento donde no existe o es débil y nominal. Nada de eso. La TMM no es antidemocrática. Pero tampoco es normativamente democrática, ya que muchas civilizaciones y sociedades no consideran en absoluto a la democracia en su versión occidental un valor o la forma óptima de organización sociopolítica.
Me parece… no creo que una sociedad deba ser una democracia liberal para tener la horizontalidad del hombre entre sus ideales. Una teocracia, un estado militarista, y hasta incluso un totalitarismo pueden “apuntar” a un modelo más igualitario; que las estructuras extremadamente jerárquicas nunca sirvan para esto me parece algo un poco más, por decirlo de alguna manera, perdonable.
La estratificación social de las sociedades en una civilización no es un problema internacional, no tiene una forma universal y se aborda a través del centro estratégico de la civilización, cualquiera que sea su constitución: como gobierno, parlamento, emperador, partido gobernante, unión de líderes espirituales, etc.
Qué retrógrada forma de pensar. Es una visión con la que se podría justificar todo tipo de atrocidades, no hace falta darle muchas vueltas para darse cuenta de esto.
Los marxistas tienen razón en esto: el capital tiene su propia lógica, y una vez aceptada, lleva el sistema social y político a una forma burguesa, idéntica a la occidental. Entonces, actuar contra la hegemonía del «Norte rico» y expresar lealtad al sistema capitalista es una total contradicción y una barrera conceptual fundamental en el camino hacia el establecimiento de una verdadera multipolaridad.
El sociólogo estadounidense Sorokin vio claramente los límites de la civilización occidental materialista. Desde su perspectiva, una sociedad centrada en la economía basada en el hedonismo, el individualismo, el consumismo y la comodidad está condenada a una rápida desaparición. Será reemplazada por una sociedad ideacional, que tiene como piedra angular valores radicalmente espirituales y a veces antimateriales. Este pronóstico puede ser un hilo conductor para la TMM en su relación con la economía en general. Si vemos en la multipolaridad precisamente el día de mañana, y no una mera continuación del hoy, debemos seguir la intuición de este destacado sociólogo.
Hoy, la mayoría de los economistas occidentales y no occidentales están convencidos de que no hay alternativa a la economía de mercado. Tal confianza equivale a la confianza en que todas las sociedades se mueven por la inclinación hacia la comodidad material y el consumismo y, en consecuencia, que no puede haber multipolaridad. Si admitimos que la economía es el destino, automáticamente admitimos que la economía liberal es el destino, y en este caso la hegemonía económica del «Norte rico» se vuelve natural, justificada y legítima.
No puedo estar más de acuerdo; al defender el sociedad occidental pack en su totalidad, suelo caer en la incómoda posición de defender el capitalismo. Aunque entiendo por qué se pueden confundir opiniones así con las de un liberal conformista, creo que la virtud se halla en imaginar lo que haya más allá del horizonte. Tal como no me gusta negar los avances que hemos logrado como sociedad gracias a este modelo, me cuesta entender el conformismo de muchos, que se cierran a la posibilidad de que exista algo mejor.
Me sorprende de hecho que siga siendo un debate, la historia se ha encargado una y otra vez de derribar la tesis de Fukuyama. El capitalismo es algo que debe ser superado; se puede discutir la forma, lo entiendo, pero no se puede ser tan miope. La historia es larguísima y solo somos una etapa. Definitivamente somos capaces de vivir en un mundo mejor, y pensar que el capitalismo es el fin de la historia con todas las fallas que ha demostrado tener me parece sumamente mediocre.
De aquí se sigue la conclusión lógica de que el modelo económico del mundo multipolar debe construirse sobre el rechazo del ecocentrismo y sobre la colocación de los factores económicos por debajo de los sociales, culturales, religiosos y políticos. No es material, pero la idea es el destino y, en consecuencia, la economía no debe dictar qué hacer en la esfera política, sino que la esfera política debe dominar las motivaciones y estructuras económicas. Sin la relativización de la economía, sin la subordinación de lo material a lo espiritual, sin la transformación de la esfera económica en una dimensión subordinada y secundaria de la civilización como tal, la multipolaridad es inalcanzable.
En consecuencia, la TMM debe rechazar todo tipo de concepciones eco-céntricas, tanto liberales como marxistas (ya que en el marxismo la economía también es pensada como destino histórico). El anticapitalismo, y especialmente el antiliberalismo, deben convertirse en los vectores rectores del establecimiento de una TMM. Podemos tomar como puntos de referencia positivos el espectro de conceptos alternativos que hasta hoy siguen siendo marginales entre las teorías económicas clásicas (por razones hegemónicas totalmente comprensibles).
Para construir un mundo multipolar, es necesario iniciar un ataque frontal contra los medios de comunicación globalistas. El papel de los medios de comunicación en una sociedad tradicional es muy limitado. Su crecimiento de influencia está directamente relacionado con la modernidad, la democracia burguesa y la sociedad civil. Los medios de comunicación de masas son un elemento constitutivo de la democracia y pretenden encarnar una dimensión adicional, entre las autoridades y la sociedad, las élites y las masas.
Por su naturaleza, los medios de comunicación de masas son burgueses y llevan la marca de la cultura occidental. Entonces, para la construcción de una TMM, es necesario reconsiderar seriamente su papel en la sociedad. Podemos identificar dos etapas en este camino. La primera etapa consiste en crear una red de medios de comunicación civilizatorios, que serviría como portavoz constante de los procesos de integración y facilitaría la consolidación de la identidad civilizatoria. En este caso, los medios de comunicación civilizatorios podrían socavar el monopolio de los medios de comunicación globales (y por lo tanto sujetos a los intereses de Occidente) y crear las condiciones previas para la consolidación de grupos culturales y sociales en torno al eje de una civilización común.
FINGIRÉ SORPRESA, a pesar de que lo de la burguesía y la elite es verdad, i know what kind of men you are. El periodismo es una pieza fundamental de nuestra sociedad, y aunque estos ataques se vistan de banderas ideológicas, que como acá, pueden incluso llegar a estar bien fundamentadas, no les creo nada.
El apéndice
Al llegar al apéndice, pensé en no leerlo, pensé que ya le había sacado todo el jugo al libro, pero me equivoqué… es sin duda la mejor parte. Creo que es genial, después de leer tantas páginas de argumentación teórica y formal, tener una pista de quien es realmente Aleksandr Dugin, y qué es lo que realmente piensa. Es importante para entender la política y las ideas la capacidad de perfilar quién se esconde detrás de los discursos y argumentos.
Además de esto, el apéndice nos da un contexto mucho mejor de la situación política en la que se escribe el libro, de Rusia, y de la relación del autor con Putin. Genial. Decidí agregar las mejores preguntas enteras y sus respuestas, disfruten.
Alexander Dugin sobre el eurasianismo, la geopolítica de la tierra y el mar y una teoría rusa de la multipolaridad
Las RI han sido consideradas como una ciencia social angloamericana. Recientemente, la disciplina ha comenzado a mirar más allá de Estados Unidos e Inglaterra, a China, India, África y en otros lugares para conocer perspectivas no occidentales sobre asuntos internacionales y teoría de relaciones internacionales.
Sin embargo, los teóricos de las relaciones internacionales han prestado poca atención a las perspectivas rusas sobre la disciplina y la práctica de las relaciones internacionales. Ofrecemos un vistazo emocionante a la teoría geopolítica rusa a través de una entrevista con el controvertido pensador geopolítico ruso Alexander Dugin, fundador del Movimiento Euroasiático Internacional y supuestamente una influencia importante en la política exterior de Putin. En esta charla, Dugin, entre otros, analiza su Teoría de un mundo multipolar, ofrece una crítica firme de las relaciones internacionales occidentales y liberales, y expone la contribución única de Rusia al panorama de la teoría de las relaciones internacionales.
— Su teoría de la multipolaridad está dirigida contra la hegemonía intelectual, política y social de Occidente. Al mismo tiempo, si bien recurre a las herramientas del análisis neomarxista y la teoría crítica, no se opone a la hegemonía occidental «desde la izquierda», como hacen esos enfoques, sino sobre la base del tradicionalismo (René Guénon, Julius Evola), la antropología cultural y la fenomenología heideggeriana, o «desde la derecha». ¿Cree que tal enfoque puede atraer a los practicantes angloamericanos de RI, o está diseñado para atraer principalmente a teóricos y practicantes no occidentales? En resumen, ¿qué pueden aprender los teóricos de las RI de Occidente de la teoría de la multipolaridad?
Según el análisis totalmente correcto de Hobson, Occidente se basa en un tipo fundamental de racismo. No hay diferencia entre el racismo evolutivo de Lewis Morgan (con su modelo de salvajismo, barbarie, civilización) y el racismo biológico de Hitler. Hoy se afirma el mismo racismo sin vinculación con la raza, sino sobre la base de los modos tecnológicos y los grados de modernización y progreso de las sociedades (como siempre, el criterio «como en Occidente» es la medida general). El hombre occidental es un completo racista hasta la médula, generalizando su etnocentrismo hasta proporciones megalómanas. Algo me dice que es imposible cambiarlo. Incluso las críticas radicales a la hegemonía occidental están profundamente infectadas por el virus racista del universalismo, como mostró Edward Said con el ejemplo del «orientalismo», demostrando que la lucha anticolonial es una forma de ese mismo colonialismo y eurocentrismo.
Así que la Teoría de un Mundo Multipolar difícilmente encontrará adeptos en el mundo occidental, a menos quizás entre aquellos académicos que sean seriamente capaces de llevar a cabo una deconstrucción de la identidad occidental, y tal deconstrucción supone el rechazo de los clichés tanto de la Derecha (nacionalista) como de la Izquierda (universalista y progresista). El racismo de Occidente siempre adquiere diversas formas. Hoy su forma principal es el liberalismo, y las teorías antiliberales (la mayoría de izquierda) están plagadas del mismo universalismo, mientras que los antiliberalismos de derecha han sido desacreditados. Por eso apelo no a la primera teoría política (liberalismo), ni a la segunda (comunismo, socialismo), ni a la tercera (fascismo, nazismo), sino a algo que llamo la Cuarta Teoría Política (o 4PT), basada en una deconstrucción radical del sujeto de la Modernidad y la aplicación del método analítico existencial de Martin Heidegger.
Los tradicionalistas son traídos para la crítica profunda de la modernidad occidental, para establecer la pluralidad de civilizaciones y para rehabilitar culturas no occidentales (premodernas). En Rusia y los países asiáticos, la Teoría de un Mundo Multipolar se capta con facilidad y naturalidad; en Occidente, se encuentra con una hostilidad completamente comprensible y completamente esperada, una falta de voluntad para estudiarlo cuidadosamente y calumnias groseras. Pero siempre hay excepciones.
— ¿Qué es la Cuarta Teoría Política (4PT) y cómo se relaciona con la Teoría de un Mundo Multipolar y con su crítica a los enfoques teóricos predominantes en el campo de las RI?
Hablé un poco sobre esto en la respuesta a la pregunta anterior. La Cuarta Teoría Política es importante para salir del dominio estricto de la Modernidad en el ámbito de lo Político, para la relativización de Occidente y su re-regionalización. Occidente mide toda la historia de la Modernidad en términos de la lucha de tres ideologías políticas por la supremacía (liberalismo, socialismo y nacionalismo). Pero como Occidente no pone ni por un momento en entredicho el hecho de que piensa para toda la humanidad, evalúa de la misma manera a otras culturas y civilizaciones, sin considerar que en el mejor de los casos los paralelismos con estas tres ideologías son puros simulacros, mientras que la mayoría de las veces simplemente no hay paralelos. Si el liberalismo ganó la competencia de las tres ideologías en Occidente a fines del siglo XX, eso no significa todavía que esta ideología sea realmente universal a escala mundial. No lo es en absoluto. Este episodio de la historia política occidental de la modernidad puede ser el destino de Occidente, pero no el destino del mundo. Entonces se necesitan otros principios de lo político, más allá del liberalismo, que pretende la dominación global (el tercer totalitarismo), y sus alternativas fallidas (Comunismo y Fascismo), que son históricamente tan occidentales y modernas como el liberalismo. Esto explica la necesidad de introducir una Cuarta Teoría Política como marco político para la base correcta de una Teoría de un Mundo Multipolar. La Cuarta Teoría Política es el correlato directo y necesario de la Teoría de un Mundo Multipolar en el dominio de la teoría política.
— Stephen Walt argumentó en un artículo de septiembre en Foreign Policy que Rusia «no es tan amenazante como la antigua Unión Soviética», en parte porque Rusia «ya no cuenta con una ideología que pueda reunir seguidores en todo el mundo». ¿Estás de acuerdo con la evaluación de Walt?
Hay algo en eso. Hoy, Rusia se considera a sí misma como un estado-nación. Putin es realista; nada más. Walt tiene razón en eso. Pero la Teoría de un mundo multipolar y la Cuarta teoría política, así como el eurasianismo, son líneas generales de una ideología mucho más amplia y de gran escala, dirigida contra la hegemonía occidental y que desafía al liberalismo, la globalización y el dominio estratégico estadounidense. Por supuesto, Rusia como Estado-nación no es competencia para Occidente. Pero como cabeza de puente de la Teoría de un Mundo Multipolar y la Cuarta Teoría Política, cambia su significado. Las políticas rusas en el espacio postsoviético y el valor de Rusia para formar alianzas no occidentales son indicadores. Por ahora, Putin está probando este potencial conceptual con mucha cautela. Pero el endurecimiento de las relaciones con Occidente y muy probablemente las crisis internas de la globalización forzarán en algún momento un giro más cuidadoso y serio hacia la creación de alianzas alternativas globales. Sin embargo, ya observamos tales uniones: la Organización de Cooperación de Shanghai, BRICS, la Unión Euroasiática, y tales uniones requieren una nueva ideología. No una como el marxismo, se excluye cualquier universalismo, pero tampoco simples maniobras realistas de hegemonías regionales. El liberalismo es un desafío global. La respuesta también debe ser global.
¿Putin entiende esto? Honestamente, no lo sé. A veces parece que sí, y a veces parece que no.
— Vladimir Putin caracterizó recientemente el orden mundial contemporáneo de la siguiente manera: «Hemos entrado en un período de interpretaciones diferentes y silencios deliberados en la política mundial. El derecho internacional se ha visto obligado a retroceder una y otra vez por la embestida del nihilismo legal. La objetividad y la justicia han sido sacrificadas en el altar de la conveniencia política. Las interpretaciones arbitrarias y las valoraciones sesgadas han reemplazado a las normas legales. Al mismo tiempo, el control total de los medios de comunicación globales ha hecho posible, cuando se desea, retratar a los blancos como negros y a los negros como blancos». ¿Está de acuerdo con esta evaluación? De ser así, ¿qué se requiere como respuesta a esta situación internacional?
Estas son palabras verdaderas, pero bastante ingenuas. Putin simplemente está indignado de que Occidente establezca reglas en su propio interés, las cambie cuando sea necesario e interprete las supuestas «normas universales» a su favor. Pero la cuestión es que esa es la estructura de la voluntad de poder y la organización misma del discurso logo-falo-fono-céntrico. La objetividad y la justicia no son posibles mientras el discurso sea un monólogo. Occidente no conoce y no reconoce al otro. Pero esto significa que todo continuará hasta que este otro recupere el derecho al reconocimiento. Y ese es un largo camino. El punto de la Teoría de un Mundo Multipolar es que no hay reglas establecidas por un solo jugador. Las reglas deben ser establecidas por los centros de poder real. El estado de hoy es demasiado pequeño para eso; de ahí la conclusión de que las civilizaciones deberían ser estos centros. Que haya una objetividad atlántica y una justicia occidental. Una objetividad euroasiática y la justicia rusa los contrarrestarán. Y el mundo chino o Pax Sinica se verá diferente al islámico. Blanco y negro no son evaluaciones objetivas. Dependen de la estructura del orden mundial: lo que es negro y lo que […].
— ¿Cómo nos ayuda su enfoque a comprender las acciones de Rusia en el escenario mundial mejor que otros enfoques de Relaciones Internacionales? […]
Interesante pregunta. El comportamiento de Rusia a nivel internacional está determinado hoy por los siguientes factores: Primero, la inercia histórica, acumulando el poder de los precedentes (la Teoría de un Mundo Multipolar piensa que el pasado existe como una estructura; en consecuencia, este factor se tiene en cuenta desde muchos lados y en detalle, mientras que el «tempocentrismo» de las teorías clásicas de las relaciones internacionales hace que esto pase desapercibido). Tenemos que prestar atención a esto, especialmente teniendo en cuenta el hecho de que Rusia sigue siendo en muchos sentidos una sociedad tradicional y pertenece al «sistema imperial» de RI. Hay, además, inercia soviética y motivos estables («estalinismo en RI»).
En segundo lugar, la lógica proyectiva de oposición a Occidente, derivada de las motivaciones más prácticas, pragmáticas y realistas (en el espíritu del cesarismo, analizado por los neogramscianos), conducirá necesariamente a Rusia (incluso a pesar de la voluntad de sus líderes) a una confrontación sistémica con la hegemonía estadounidense y la globalización, y entonces realmente se necesitará la Teoría de un Mundo Multipolar (los modelos clásicos de RI, sin prestar atención a la Teoría de un Mundo Multipolar, pierden de vista el futuro posible; es decir, se roban a sí mismos la capacidad predictiva potencial debido a prejuicios puramente ideológicos y miedos autoimpuestos).
Pero si un oponente te subestima, tienes más posibilidades de asestar un golpe inesperado. Así que no estoy demasiado preocupado por la subestimación de la Teoría de un Mundo Multipolar entre los teóricos de las RI.
— Si su teoría de las RI no se basa en principios política y filosóficamente liberales, y si critica esos principios no desde la izquierda sino desde la derecha, usando el lenguaje de los grandes espacios o «Großraum», ¿es una teoría fascista de las relaciones internacionales? ¿Están parcialmente en lo cierto los académicos que caracterizan su pensamiento como «neofascismo»? […]
Las acusaciones de fascismo son simplemente una figura retórica en la grosera propaganda política propia del liberalismo contemporáneo como el tercer totalitarismo. Karl Popper sentó las bases para esto en su libro «La sociedad abierta y sus enemigos», donde redujo la crítica del liberalismo de la derecha al fascismo, Hitler y Auschwitz, y la crítica del liberalismo de la izquierda a Stalin y el GULAG. La realidad es algo más compleja, pero George Soros, que financia a Umland y Shekhovstov y es un ferviente seguidor de Popper, se contenta con versiones reducidas de la política. Si yo fuera fascista, lo diría. Pero soy representante del eurasianismo y autor de la Cuarta Teoría Política. Al mismo tiempo, soy un antirracista consecuente y radical y me opongo al proyecto del Estado-nación (es decir, un antinacionalista). El eurasianismo no tiene relación con el fascismo. Y la Cuarta Teoría Política enfatiza que, si bien es antiliberal, es simultáneamente anticomunista y antifascista. Creo que no se puede ser más claro, pero el ejército propagandístico del «tercer totalitarismo» no está de acuerdo y no hay argumentos que lo convenzan. 1984 debe buscarse hoy no donde muchos piensan: no en la URSS, no en el Tercer Reich, sino en el Fondo Soros y el «Brave New World». Por cierto, Huxley demostró ser más correcto que Orwell. No puedo prohibir a otros que me llamen fascista, aunque no lo soy, aunque en última instancia esto da una mala imagen no tanto de mí como de los propios acusadores: luchando contra una amenaza imaginaria, el acusador pierde una real. Cuanto más estúpido, mendaz y directo es un liberal, más sencillo es pelear con él.
— Última pregunta: Se llama a usted mismo el «último filósofo del imperio», ¿qué es el eurasianismo y cómo se relaciona con el pivote global de las distribuciones de poder?
El eurasianismo es una cosmovisión desarrollada, a la que dediqué algunos libros e innumerables artículos y entrevistas. En principio, se encuentra en la base de la Teoría de un Mundo Multipolar y la Cuarta Teoría Política, combinada con la geopolítica, y resuena con el Tradicionalismo.
El principal pensamiento del eurasianismo es la antropología plural, el rechazo del universalismo. El significado de imperio para mí es que no existe un imperio sino al menos dos, e incluso más. De la misma manera, la civilización nunca es singular; siempre hay alguna otra civilización que determina sus fronteras. Schmitt llamó a esto el Pluriverso y lo consideró la principal característica de lo Político. El Imperio Eurasiático es la unificación política y estratégica de Turan, eje geográfico de la historia en oposición a la civilización del Mar o Imperio atlantista. Hoy, los EE.UU. son este Imperio atlantista.
Kenneth Waltz, en el contexto del neorrealismo en las RI, conceptualizó el equilibrio de dos polos. El análisis es muy acertado, aunque se equivoca sobre la estabilidad de un mundo bipolar y la duración de la URSS. Pero en general, tiene razón: hay un equilibrio global de imperios en el mundo, no estados-nación, la mayoría de los cuales no pueden reclamar soberanía, que sigue siendo nominal (la «hipocresía global» de Stephen Krasner). Precisamente por esa razón, soy un filósofo del imperio, como lo son casi todos los intelectuales estadounidenses, lo sepan o no. La única diferencia es que ellos se consideran filósofos del único imperio, mientras que yo me considero el filósofo de uno de los imperios, el euroasiático. Soy más humilde y más democrático. Esa es toda la diferencia.