Los therians
La última psyop de la CIA
De vez en cuando llegan estas noticias que prenden de la nada, y que sin nada de interesante se toman la agenda del país. Cuando me percaté (gracias al quinto reel consecutivo) de que esto de los therians era más que una arbitrariedad de mi algoritmo de Instagram, decidí ignorarlo. Cuando los vi en el matinal, entendí que eran más que un simple trend; pero no fue hasta cuando mi papá lo sacó como tema de conversación en la mesa que dimensioné la magnitud de lo que estaba pasando.
El fenómeno de los therians es único. Jamás en la historia se había visto algo similar, y desde ahora tendremos que replantearnos el cómo pensamos las cosas, y buscar nuevos paradigmas que nos permitan construir una sociedad a partir de esta nueva realidad… ¿O quizás no?
Hay dos dimensiones en las que me gustaría comentar sobre esto. La primera es la más obvia: cada vez que sale una noticia como esta me pregunto, ¿qué clase de ley degenerada estarán pasando por el Congreso en este preciso momento? Con los reiterados fracasos de la selección, supongo que la política queda corta de oportunidades para pasar los nuevos “Alto Maipo” y recurre a noticias como esta para desviar la atención.
Claramente no soy el único que pensó esto, y aunque de estas teorías pueden nacer interesantes reflexiones, esta primera dimensión no es la que más me llama la atención.
Los therians
Aún así, no está de más analizar brevemente el último engendro de la naturaleza identitaria del hombre. ¿Qué son los therians? Son weones que se identifican como animales. ¿Qué tiene esto de malo? Qué sé yo. Como buen progre, aunque muchas veces se me hace difícil ser consecuente con la idea de que la identidad es algo de lo que una persona debe hallarse empoderada y libre de ataduras, todo tiene un límite. No es necesario leer un paper para saber que hay gente que está dispuesta a todo para llamar la atención o transgredir los estándares buscando sentirse parte de algo nuevo, sentirse especial.
Uno tiene que ser crítico con cualquier fenómeno social, incluso si se condice con aquello que crees que es lo correcto. Afortunadamente para esta columna, nos encontramos en un tiempo donde ideas conservadoras han ganado terreno sin parar en la guerra cultural, por lo que cuestionar la genuinidad de ciertas identidades que individuos dicen tener no es algo mal visto como lo pudo ser en, no sé, 2019.
Cuando las teorías sobre el género y la sexualidad como un espectro dominaron el relato, surgieron testimonios de personas que, inconformes con el abanico de identidades con los que se describían distintas partes del espectro, decían tener una identidad distinta, y relativamente única en comparación a las de este nuevo mainstream.
Si mezclas la idea de que la identidad es algo completamente personal, una extrema sensibilidad en la que no se puede cuestionar la legitimidad de la identidad de nadie (ni siquiera desde el punto de vista semántico), un alto incentivo social a “ser valiente”, “ser distinto” o “romper estigmas”, y una persona carente de pertenencia; es demasiado fácil concluir que deshonestas interpretaciones de la identidad saldrían a la luz.
Es triste, porque conozco gente que genuinamente se siente identificada con formas no tradicionales de sexualidad o identidad de género, cuya postura ha sido ridiculizada con el pasar del tiempo gracias a gente que tan solo surfeó la ola en busca de atención, o queriendo ser parte de algo.
Realmente con estos temas se vio de todo. Da la impresión de que hubo gente que hizo competencia para demostrar que “eran más diversos” que el resto; y aunque no soy capaz de identificar a alguien que haya caído en esto, y es prácticamente imposible hacer el caso para alguien en particular, me permitiré concluir que (en base a los puntos antes mencionados sobre las condiciones que se dieron para que esto ocurra) sí o sí hubo gente que (consciente o inconscientemente, sin ánimos de perjudicar o buscando solo reposicionarse socialmente) llegó a conclusiones deshonestas y exageradas.
Mirando para atrás, es imposible no comprender la derrota cultural que ha sufrido el progresismo en los últimos años. Los memes de que había tantas identidades como Pokemones y de que cada día salía uno nuevo, conectaban inmediatamente con la gente que no entendía qué pasaba y a la que no le hacía sentido que esta ola de personas no solo introdujera conceptos del individuo revolucionarios de un día para otro, sino que, además, esto los ubicara en una posición de superioridad moral con la que no se podían cuestionar sus hallazgos y conclusiones.
No se puede vivir en un mundo así, y efectivamente, la gente se cansó. Los therians no son nada nuevo, pero esta ola de horror en la gente creo que será el último clavo en el ataúd del progresismo como fuerza cultural dominante. Tirar como talla que “la gente ahora se cree cualquier cosa” ni siquiera es algo político, sino que se integró de lleno en el sentido común. “Ah, entonces yo me identifico como un helicóptero” es una herramienta con la que se podría desprestigiar prácticamente cualquier hilo argumental.
Mi opinión de los therians
Me dan lo mismo, me llego a cuestionar si son realmente el fenómeno que dicen ser. Al final, si hubieran solo cuatro therians en Chile y se repartieran las cámaras de TVN, CHV, MEGA y Canal 13, la percepción que tenemos actualmente sería la misma.
Weones raros ha habido siempre, tendencias a partir de nuevos paradigmas han habido siempre, incluso abrazando la idea de que no son algo tan pasajero como creo que son. No creo que sean síntoma de nada nuevo, nothing ever happens.