Devaluación y democratización del software

Y la Beauchapp

De chico escuchaba mucho, tanto en mi familia como en programas de conversación, sobre lo que pasó con el calzado en Chile cuando irrumpieron los productos chinos en el mercado. Antes de usar esa historia como ejemplo en este post, me quería asegurar de que fuera real, así que le pedí al clanker que me la confirmara y me diera una fuente. Este análisis no es lo suficientemente serio como para que lea algo más que un resumen de ChatGPT, pero dejo la fuente adjunta igual para los curiosos.

Pasa que en Chile nuestra relación con el calzado cambió luego de que la inmensa maquinaria de producción asiática llegara a arrasar con nuestra industria nacional. Acabar con una industria deja muchos damnificados en términos laborales y, por lo tanto, sociales. Pero, al mismo tiempo, los precios más accesibles beneficiaron a parte de la población que antes no podía, por ejemplo, tener zapatos bonitos.

Y en ese sentido se podría decir que el calzado se “democratizó”.

La devaluación

El software se está devaluando. No vale lo mismo que antes. Siento que la capacidad de la IA de crear software, pero por sobre todo de copiarlo o imitarlo, hace que modelos como el SaaS no tengan futuro. Si una compañía no agrega valor mucho más allá del instalador, ¿qué impide que un equipo con menos recursos “copie” el producto ayudándose de la IA y lo ofrezca a un precio más competitivo? Con la naturaleza despiadada del mercado, siento que sería muy difícil que eso no termine pasando.

Obviamente una persona sola no va a poder hacer el nuevo Microsoft Office. Pero con lo rentable que es y lo caro que cobran en general por usarlo, ¿qué tendría que pasar para que una empresa con experiencia en desarrollo, y que sepa usar bien la IA como herramienta, pueda meterse en este mercado? Tal vez ahora suene un poco ridículo, pero mientras no conozcamos el verdadero techo de las capacidades de estas IAs, creo que es algo que puede pasar. Sobre todo a medida que aumenta su capacidad de contexto, al punto de que quizá podamos casi que pasarle el ejecutable entero y decirle “haz un programa que haga esto mismo”.

La democratización

Tal como bajó el precio de los zapatos, está bajando lo que cuesta crear software. Los que sabemos de computación ya nos estamos familiarizando con cosas como “necesitaba una página muy simple que hiciera A, B y C, y le pedí a Claude Code que la hiciera” o “necesitaba un script muy específico que procesara los datos de esta forma y se lo pedí a la IA”. Pequeñas apps o bots de Telegram que para la IA son simples de construir, pero que nos pueden ahorrar mucha pega.

No creo que falte mucho para que la gente se vaya adaptando a esto. Como mínimo, siento que las nuevas generaciones que no conozcan un mundo sin IA lo van a interiorizar de manera natural, tal como mi generación interiorizó los smartphones mientras mi mamá se demoraba 20 años en aprender a usar Bluetooth.

Antes veíamos el software como algo que solo valía la pena construir para automatizar un proceso que se iba a repetir muchas veces. Ahora podemos crearlo para una pega puntual y después desecharlo.

La centralización del software

Siempre hemos entendido las redes sociales masivas como la única forma de conectar digitalmente a las personas en un espacio compartido. Si una comunidad quiere un lugar para conversar, se crea un grupo de WhatsApp. Para muchos, el principal valor de estas plataformas es el efecto de red: la gente las usa porque los demás “ya están ahí”. Eso explica buena parte de por qué las redes sociales han tenido una naturaleza tan centralizada. Pero siento que también ha influido lo difícil que históricamente ha sido construir y mantener un software así, de calidad (dentro de lo que, en verdad, ha sido la muy corta historia del internet).

Pero ¿qué pasa si de repente una comunidad tiene necesidades muy particulares que una app de mensajería hecha a la medida podría resolver? ¿Va a seguir teniendo sentido que use el software centralizado de WhatsApp para comunicarse?

Estas redes sociales son tan estables como estáticas. Es imposible imaginar que a WhatsApp se le agregue un feature porque el admin de un grupo así lo quiso. Uno se tiene que ajustar a lo que desde las centrales de WhatsApp estén dispuestos a agregar. Y aunque quisieran agregar lo que uno necesita, probablemente terminarían demorándose muchos meses y gastando millones de dólares en testeos y weas así.

Hoy casi no se nos pasa por la cabeza “crear un Instagram” o “crear un Strava” para que lo usen unas pocas personas, casi que solo mi círculo de amigos. Pero me puedo imaginar a nuevas generaciones que, con una mucho mejor noción de lo que es capaz la IA, lleguen y creen el software que necesitan, ajustado a lo que ellos quieren. Una app con opciones pensadas para los cursos que toman, sus profes, su colegio y lo que a ellos les gustaría tener ahí.

Nuestra generación simplemente se ajusta a lo que el mercado del software nos ofrece. Pero quizá en algún momento un grupo quiera que “en WhatsApp, las votaciones funcionen de esta otra forma” y sus integrantes creen, ahí mismo, el WhatsApp que cubra esa necesidad.

La Beauchapp

Para los que no lo sepan, llevo unos meses creando esta “nueva red social para Beauchef”, algo así como un U-Cursos pero gestionado solo por alumnos. Le he dedicado mucho esfuerzo y siento que, al menos desde el punto de vista de la creatividad, es una aplicación muy buena. Para crearla he abusado de la IA (el proyecto ya cuenta con más de 100.000 líneas de código), pero creo que, dentro de las limitaciones técnicas y de recursos con las que partió, está bastante bien hecha. Lo hago gratis y prácticamente pierdo plata manteniéndola. Aun así, me he tomado con responsabilidad, como mínimo, el diseño de la plataforma (ya la implementación es otra cosa jajaj).

Ya más de 750 estudiantes activos de Beauchef se han creado su cuenta. Y si tuviera que elegir el mayor acierto hasta ahora, sería integrar la Copa CDI a la plataforma. He agregado más features que la chucha, y el 90% ha sido un fracaso total, pero este sí funcionó.

Hasta antes de la Beauchapp, la Copa CDI (torneo de fútbol de Beauchef, 50 equipos, muchos participantes) se gestionaba a punta de hojas de cálculo y mensajes de WhatsApp. La organización era un culo y coordinar todo era muy complicado. Gracias a que soy amigo del weon que la organiza, y a mucha prueba y error, hemos reducido casi al mínimo el roce administrativo de la liga. Con las cuentas de los equipos en la plataforma, hemos podido automatizar buena parte de la gestión y agregar funciones para:

  • Recoger la disponibilidad de los jugadores para el equipo.
  • Recoger la disponibilidad de los equipos para la liga.
  • Agendar partidos con un algoritmo terrible sofisticado que considera como 5 parámetros (disponibilidad, dificultad de los equipos, karma, puras weas así).
  • Asignar arbitraje.
  • Asignar los goles al que los haya metido.
  • Publicar resultados.
  • Apostar con los resultados (plata falsa).
  • Revisar las cuotas del mercado.
  • Automatizar el álbum de la Copa CDI (XD este sí que es random).

Puta, realmente son más features que la mierda los que he agregado, pero da lo mismo. Lo importante es que a la gente le ha encantado, quedó muy bacán y bien hecho, y aporta demasiado, demasiado a la organización del torneo. Ya casi que con un puro cron se podría organizar toda la liga y mostrar los resultados rápidamente.

Y todo eso lo pude hacer con semanas de pega intensiva. Hace unos años, un equipo de trabajo habría necesitado mínimo varios meses para sacar algo así.

No sé si la Beauchapp va a tener éxito o no, pero creo que podría ser un primer pequeño experimento de cómo se vería ese mundo: comunidades que crean sus propias plataformas hechas a la medida de lo que quieren, algo que antes de la IA habría sido imposible de imaginar.

Un mundo donde los protocolos son la única convención y, en vez de “crear el grupo de WhatsApp”, se “crea el WhatsApp”.

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